viernes, 3 de junio de 2011

El Cabildo cerró 2010 con la mayor deuda de Canarias

Diario La Opinión, 3 de junio de 2011

Con 477.254.000 euros de deuda con los bancos al cierre del ejercicio de 2010, el Cabildo de Tenerife es la institución insular de Canarias que más obligaciones pendientes de pago tiene contraídas. De hecho, 6,02 de cada 10 euros que adeudan los siete cabildos insulares corresponden a la administración tinerfeña, según los datos de la deuda financiera de las entidades locales españolas dada a conocer ayer por el Ministerio de Economía y Hacienda.

A su vez, la deuda del Cabildo es superior a la de la suma de la acumulada por los 31 ayuntamientos tinerfeños, que es de 356.241.000 euros.

El montante de los préstamos acumulados por el Cabildo lo sitúa como la segunda institución local supramunicipal de España más endeudada. Dentro de las administraciones intermedias entre ayuntamientos y comunidades autónomas –que incluye a nuestros cabildos, diputaciones provinciales y forales, así como a los consejos insulares de Baleares– solo la diputación provincial de Vizcaya aventaja a la administración insular tinerfeña.

También el Cabildo de Gran Canaria está entre las diez administraciones supramunicipales con más cuentas pendientes con los bancos. Su 132.232.000 euros, una cantidad muy inferior a la del Cabildo de Tenerife, la coloca en octavo lugar de la clasificación nacional de instituciones provinciales e insulares.

Al cierre del ejercicio de 2010, el conjunto de la deuda de los siete cabildos canarios con las entidades bancarias ascendía a 793.315.000 euros. Frente a los 6,02 euros de cada diez de Tenerife, la deuda de Gran Canaria se eleva a 2,06 euros de cada 10. Le siguen, la Palma, con 0,59 euros de cada 10; Lanzarote, con 0,54 euros; Fuerteventura, con 0,39; La Gomera, con 0,30; y El Hierro, con 0,11 euros de cada 10.

Las cifras divulgadas ayer por el Ministerio corresponden a la denominada deuda viva de las administraciones locales, que se refiere en exclusiva a los pagos pendientes de las instituciones con las entidades bancarias, contraídas principalmente por créditos suscritos y los intereses de los mismos.


domingo, 29 de mayo de 2011

Los inmigrantes aportan al Estado mas de lo que reciben ... también en plena crisis

Diario Expansión, 5 de mayo de 2011

La mayoría de españoles sigue pensando que los extranjeros perciben del Estado del bienestar español más de lo que para él generan. Un informe de La Caixa constata que, a pesar de los efectos de la crisis económica, se trata de una falsa creencia.

España ha pasado de ser país de emigrantes a convertirse en uno de los de mayor proporción de población extranjera. A principios de los noventa apenas había unos centenares de miles de residentes extranjeros, hoy son 5,7 millones. Un fuerte y rapidísimo incremento del tamaño de la comunidad inmigrante que se convierte en caldo de cultivo perfecto para que al menos en una parte de los españoles surja una percepción negativa de la inmigración. Sobre todo si existe un sentimiento de competencia por unos mismos servicios y prestaciones públicos, y más en tiempos de crisis.

Pero la percepción que muchos españoles comparten, y que algunos insisten en difundir, de que los inmigrantes hacen un uso exagerado de las oportunidades que el Estado del bienestar español les ofrece no se ajusta a la realidad. El balance, incluso en tiempos de crisis, parece que sigue siendo contundente: los inmigrantes residentes en España aportan a nuestro Estado del bienestar mucho más de lo que reciben, según concluye el estudio Inmigración y Estado de bienestar en España, de la Obra Social de La Caixa.

El balance entre gastos e ingresos públicos de los inmigrantes sigue siendo positivo. Aunque los autores del informe no lo cuantifican, subrayan que los extranjeros aportan hasta tres veces más de lo que cuestan

"Los argumentos de sobreutilización y abuso del sistema de protección social por parte de la población están injustificados. Los inmigrantes reciben menos del Estado de lo que aportan a la Hacienda pública", sentencian los autores del estudio, elaborado por Francisco Javier Moreno, del Instituto de Políticas Públicas del CSIC, y por María Bruquetas, profesora de Ciencia Política de la Universidad de Ámsterdam. Una balanza que parece que se ha mantenido incluso en los peores momentos de la crisis. Los autores no cuantifican ese balance, pero subrayan que los extrajeros inyectan a las cuentas públicas "dos o tres veces más" de lo que cuestan.

Los datos oficiales sobre la aportación de los inmigrantes a las arcas públicas han quedado desactualizados. La última cuantificación de los aportes y los gastos es anterior de la crisis. La Oficina Económica del Gobierno presentó en 2006 un amplio estudio sobre la contribución económica de la población extranjera. Las cifras no podían ser más favorables. Los inmigrantes habían sido directamente responsables de la mitad del fuerte crecimiento del PIB español entre 2000 y 2005 (con un 3,6% de crecimiento medio anual) y su aportación a las arcas del Estado era francamente positiva: absorbían el 5,4% del gasto público, 18.600 millones, y aportaban el 6,6% de los ingresos totales, con 23.400 millones. El saldo neto de su contribución era de casi 4.800 millones (la mitad del superávit de entonces del conjunto del sector público). Y, según el informe de Moncloa, no había posibilidad alguna de que esta posición se revertiera hasta al menos 2012.

Aportan más que gastan
Ahora, aunque no existen cifras que constaten negro sobre blanco que las aportaciones de los inmigrantes siguen siendo superiores a los costes que generan para las arcas públicas, el balance parece claro que sigue siendo positivo. Los expertos coinciden en que ese saldo de casi 5.000 millones que recogía el informe de Moncloa era lo suficientemente cuantioso como para que se mantuviera incluso en tiempos de recesión. Y, además, el informe de La Caixa constata que algunos de los factores que hacían que la contribución de la población extranjera fuera positiva aún se mantienen. Y es que el texto, presentado ayer en Madrid, va desmontando uno a uno algunos de los estereotipos que se han generalizado en el imaginario colectivo español.

España sigue encontrándose en una fase primigenia del asentamiento de población inmigrante, lo que hace que la inmensa mayoría de los extranjeros que han venido al país sean jóvenes en edad de trabajar, y el número de personas dependientes (niños y ancianos) continúe siendo muy bajo. A medida que el perfil de la población inmigrante vaya envejeciendo, su contribución neta se irá reduciendo hasta tener un impacto neutro sobre la balanza fiscal. Pero hoy no pasa.

La inmensa mayoría de los extranjeros son jóvenes en edad de trabajar, y el número de dependientes (niños y ancianos) es muy bajo. Con los años, su contribución neta se reducirá hasta tener un impacto neutro sobre la balanza fiscal. Hoy no pasa.

Según el estudio, incluso en tiempos de crisis y a pesar del zarpazo del paro, el porcentaje de extranjeros entre los afiliados a la Seguridad Social ha permanecido prácticamente estable, en el entorno del 10% (del 10,3% el pasado abril, con 1,8 millones de trabajadores extranjeros que siguen aportando sus cotizaciones a las cuentas públicas).

En paralelo, menos del 1% de los beneficiarios de pensiones en España son extranjeros, y más de la mitad de éstos son ciudadanos de la Unión Europea. La mayoría de inmigrantes, en edad laboral, proporcionan una aportación neta a las arcas de la Seguridad Social, una situación que se mantendrá previsiblemente durante las próximas dos décadas. Con sus altas tasas de actividad y su mayor juventud, los inmigrantes han contribuido a elevar la proporción a 2,5 cotizantes por cada pensionista, y con ello habría retrasado en casi cinco años la previsible entrada en déficit del sistema español de pensiones, de 2023 a 2028.

Es cierto que el porcentaje de gasto social dedicado a la población inmigrante ha ido creciendo en los últimos años, en relación al incremento del volumen de extranjeros. De cerca del 1% del gasto sanitario en 2000 se alcanzó el 5% ya en 2007. "Pero dicha proporción sigue siendo considerablemente inferior al porcentaje de inmigrantes sobre la población total", hoy del 12,2%, según apuntan Moreno y Bruquetas. Y es que está demostrado que la población inmigrante, lejos de abusar de los servicios sanitarios, incluso hacen un uso muy inferior al que por su peso demográfico le correspondería: los extranjeros consultan un 7% menos al médico de cabecera que los españoles, y un 16,5% menos al médico especialista, según datos de la Encuesta Nacional de Salud. Sólo la utilización de los servicios de urgencias es superior entre los inmigrantes que la de los autóctonos (un 3,2% más).

Los datos desmontan los estereotipos: no consumen más servicios sanitarios, copan menos gasto social que su peso demográfico, aplazan el déficit del sistema de pensiones...

En paralelo, tan sólo el 6,8% del total de las inversiones de los servicios sociales se dirigen a inmigrantes. Y de éstas, el 60% tiene por objeto informarles de sus derechos o derivarles a otras instituciones. Por otro lado, el colectivo inmigrante concentra el 11,2% de los receptores de rentas mínimas de inserción, por lo que el rango de cobertura es considerablemente inferior al que proporcionalmente le correspondería dado que los inmigrantes suelen encontrarse entre los grupos más desfavorecidos económicamente.

En otro ámbito, la presencia de la inmigración ha supuesto un revulsivo para la incorporación de la mujer española al mercado laboral. La concentración de mujeres inmigrantes en las labores domésticas y en el cuidado de niños y mayores ha facilitado la compatibilización de la vida laboral y familiar de las trabajadoras españolas, con el consiguiente impulso en términos laborales, fiscales y de consumo para la economía española.

La actitud hacia el inmigrante
Las actitudes de rechazo hacia la inmigración presentan una evolución creciente en toda Europa, y España no es una excepción. Se da lo que algunos autores han venido a denominar la paradoja del inmigrante indeseado: Aunque la población española entiende la llegada de inmigrantes como una necesidad por razones económicas, la presencia de esos mismos inmigrantes se percibe como un problema y como fuente de conflictos. Según el informe Evolución del racismo y la xenofobia en España, elaborado por iniciativa del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (Oberaxe) a partir de encuestas del CIS, el 37% de los españoles se mostraba en 2009 reacio a la inmigración, frente a un 33% de tolerantes y un 30% de ambivalentes ante el fenómeno.

Un desencadenante de la xenofobia, especialmente en un contexto de crisis económica, es el temor a la competencia por unos mismos recursos. Según el estudio de Oberaxe, un 40% de los encuestados cree que la protección del Estado al inmigrante es bastante y un 18% que es mucha. En paralelo, el 56% cree los inmigrantes reciben más ayudas escolares que los españoles de igual nivel de ingresos; y un 46% entiende que sucede lo mismo en el ámbito sanitario. Asimismo, un 20% de los españoles considera que los inmigrantes reciben de las Administraciones mucho más de lo que aportan; otro 32% percibe que reciben más de lo que aportan; y un 24% que reciben tanto como aportan. Visto lo visto, parece claro que las percepciones se fundamentan en visiones subjetivas, no en datos.

viernes, 20 de mayo de 2011

Renunciemos a la tentación

Artículo de Angels Barceló en www.cadenaser.com 17 de mayo 2011 y algunas respuestas

La indignación de una buena parte de la sociedad española se ha hecho visible a muy pocos días de las elecciones. El domingo se vota y la semana previa va a estar marcada por este movimiento que cuestiona el sistema político español y que busca otras salidas con mayor participación ciudadana.

Se cuestiona el actual sistema democrático, con todos los peligros que esto conlleva, porque, afortunadamente, en este país, tras décadas de dictadura, la democracia nos garantiza precisamente eso, la participación ciudadana. Cada cuatro años podemos revalidar o echar a quienes nos gobiernan. Se puede cuestionar su liderazgo, su manera de gestionar, podemos indignarnos, como hacemos, por cómo nos han dejado en esta crisis, podemos protestar por ello, en las calles, en la red, en los medios, pero es muy peligroso cuestionar el valor de los votos y de la soberanía popular.

Y lo es porque situarse al margen del parlamentarismo puede llevarnos a terrenos que en este país ya se han vivido de manera trágica. Si los mayores que participan en estas movilizaciones son justos, al mirar atrás verán el cambio profundo en este país. Y esto es gracias a la gestión de unos políticos que cambiaron el gris por el color. Si los de ahora no nos gustan, si pensamos que han perdido su ideología, que han sacrificado sus principios y nuestro estado del bienestar debemos decirlo, que sepan que les estamos vigilando, que vamos a criticarles, a pedirles explicaciones. Pero renunciemos a la tentación de cuestionar la democracia.

Respuesta: ---------------------------------------------------------------------------------------------------

Querida Àngels:

Sí queremos cuestionar esta democracia.

Cuestionamos esta democracia porque falla en su sustento, la soberanía popular: los mercados imponen decisiones para su propio beneficio y los partidos en el Parlamento no se enfrentan a este hecho mundial. No luchan en nuestro país ni en el Europarlamento para acabar con la especulación financiera, de divisas o de deuda soberana, ni para acabar con los paraísos fiscales y con las agencias de rating.

Cuestionamos esta democracia porque los partidos en el poder no velan por el bien colectivo, sino por el bien empresarial. Porque entienden que el crecimiento es crecimiento macroeconómico, del PIB y de los beneficios empresariales, y no crecimiento de la justicia social, de reparto de la riqueza que generamos entre todos, de los servicios públicos y del acceso a la vivienda y otras necesidades.

Cuestionamos esta democracia porque los partidos en el poder no velan por el bien colectivo, sino por el bien de los ricos. Se les bajan los impuestos, se les favorecen deducciones fiscales (vivienda, seguro sanitario, pensiones) y se crean servicios (algunos colegios concertado, pagados por todos) a los que solo ellos pueden acceder.

Cuestionamos esta democracia porque los partidos en el poder no velan por el bien colectivo, sino por por su propia continuidad en el mando. Porque solo les preocupa gobernar, pactan con quien tengan que pactar e incumplen su programa electoral. Porque ningún político vive lo que legisla para sus “súbditos”: precariedad, hipoteca e incertidumbre. Este gobernar para otros es una falla fundamental del sistema.

Cuestionamos esta democracia porque no incluye medidas radicales contra la corrupción, la retirada inmediata del acta en caso de imputación o de simultanear con un puesto en el sistema privado. Porque existen formas sutiles de corrupción como el enriquecimiento por uso de información privilegiada o el acceso, después del cargo, a puestos de asesores empresariales que no están reguladas y que hacen de ser político un negocio muy rentable.

Cuestionamos esta democracia porque no se basa en una participación efectiva de la población en la toma de decisiones, sino en una delegación absoluta en manos de unos políticos que se presentan en listas cerradas y a los que no tenemos ningún tipo de acceso. Por no hablar de que no existe una proporcionalidad en el voto. Es un absurdo absoluto que la forma de “castigar” a un partido sea votar a otro con el que no se está de acuerdo o permitir su victoria. En el mundo contemporáneo existen muchas otras formas de organización que permitirían a las personas participar y gestionar más esferas de lo común. Esto nunca está en los programas, porque les perjudica.

Cuestionamos esta democracia porque no acepta como ciudadanos a habitantes del país, personas que han venido de otros lugares, que sufren las leyes y pagan por ellas, pero que no puede elegirlas; esto le ocurría a las mujeres y los esclavos en Grecia. Todas las personas son iguales y deben poder decidir y aportar en el país en el que viven. No existen personas ilegales, solo ciudadanos.

Cuestionamos esta democracia porque los partidos en el poder no cumplen ni la propia Constitución: no hay trabajo digno, la justicia no es igual para los que tienen dinero que para los que no, ni se reparten viviendas para todos. Solo les importan los artículos de la Constitución relacionados con la unidad del Estado, les importa un bledo los que tienen que ver con un sistema más igualitario.

No diremos nada sobre los políticos “que cambiaron el gris por el color”, porque la impunidad de la dictadura sigue pesando mucho en nuestro país. No nos valen excusas, no podemos dejar de criticar la democracia realmente existente sin pensar en una democracia real. Yo no quiero elegir entre la democracia realmente existente o las dictaduras del pasado, quiero vivir de otro modo.

Querida Angels, ¿a usted le basta con la democracia realmente existente?

No somos mercancías en manos de políticos y banqueros

Democracia real ya!

Firma: Beatriz García

Respuesta: ---------------------------------------------------------------------------------------------------

Aquí nadie cuestiona la democracia,es más por ello protestamos.Queremos que sea el pueblo quien decida lo que quiere y no los de siempre,que lo único que hacen es agarrarse a la poltrona y cambiar de silla cada cuatro u ocho años.Consulten las hemerotecas para ver como se pacta con los que hace apenas 2 años eran tus enemigos mortales.Pasará lo de siempre,que nos tomaran por tontos y donde dije digo digo diego.Por eso animo a todos y que no nos paren DEMOCRACIA REAL YA.

jueves, 19 de mayo de 2011

¿A quién beneficia el voto en blanco?

Diario El Mundo, 19 de mayo de 2011

El 22-M los partidos se enfrentan al veredicto de las urnas pero también someten a examen su credibilidad. Los políticos son percibidos por los ciudadanos como el tercer problema de España, por detrás únicamente del paro y de la situación económica. Es decir, en realidad son el segundo gran problema tras la economía.

Si bien últimamente iniciativas en las redes sociales como #nolesvotes y movimientos de protesta como el del 15-M amenazan con remover los cimientos del sistema y están obligando a los políticos, cuando menos, a hacer una reflexión, lo cierto es que el ciudadano tiene poco margen de maniobra para hacer llegar su descontento a los 'próceres' de la patria. Habida cuenta de que estos sólo parecen preocupados por las urnas, analizamos las diferentes posibilidades de 'protestar' en ellas.

VOTO EN BLANCO

Se considera votar en blanco cuando se acude al colegio electoral (o se vota por correo) y se deposita en la urna un sobre que no contiene ninguna papeleta.

El voto en blanco es fruto de una reflexión sobre la clase política, normalmente de un ciudadano concienciado que se esfuerza en trasladar su poco interés por la oferta electoral. Es decir, acepta el sistema, pero no le convence ninguna de las formaciones que concurren. De hecho, en España se ha constituido un movimiento -Ciudadanos en Blanco- que defiende el cómputo de estos sufragios en el reparto de escaños con el objetivo de dejarlos vacíos.

Pero, mientras la Ley Electoral no se modifique -y no tiene visos de que así vaya a ser- los votos en blanco sí afectan al resultado final, en perjuicio de los partidos minoritarios. Suman en el total de sufragios sobre el que se calcula la distribución de escaños y, en consecuencia, elevan el listón electoral mínimo para entrar.

En las elecciones generales, un partido necesita el 3% del total de votos para obtener representación. En los comicios locales, este 'listón' sube hasta el 5%. Por ejemplo, para que un partido esté en las Cortes Valencianas, si han acudido a las urnas dos millones de personas, necesita 100.000 votos. Pero si además hay 150.000 sufragios en blanco, precisa 7.500 más. Por eso se suele decir que el voto en blanco favorece a los partidos mayoritarios.

¿Qué sucedería si en unas elecciones ganara el voto en blanco? En principio, nada. Ganaría el que más votos al uso obtuviera. Muy interesante resulta la reflexión al respecto que José Saramago hizo en 'Ensayo sobre la lucidez', donde imaginó cuál sería la reacción de los gobernantes ante una 'revolución' de estas características. En la recreación del Nobel portugués, los políticos no salen muy bien parados: optan por la dictadura y la represión.

VOTO NULO

La legislación se ha endurecido en este aspecto y ahora se considera nulo el voto que no tenga sobre o el que teniéndolo contenga más de una papeleta de distintas candidaturas.

También se consideran nulos aquellos en los que se modifique, añada o tache el nombre de los candidatos, o en los que aparezca cualquier alteración intencionada, como una raya o una expresión. Todas estas prohibiciones afectan tanto a la papeleta como al sobre.

Los votos nulos no tienen ninguna consecuencia electoral. No suman. Al final del escrutinio se da fe de cuántos se han producido y ya está. Entonces, ¿a quién beneficia? Según Antonio Luis Martínez Pujalte, coordinador de la campaña electoral del PP en Elche, "es difícil de decir, el voto no se cuenta a ningún efecto, pero diría que perjudica al partido ganador en las elecciones".

ABSTENCIÓN

La abstención es la alternativa de los más descontentos, de aquellos a los que no sólo no convence ninguna opción política, sino que no comulgan con un sistema que consideran poco representativo. También es la opción de los desapegados, de aquellos que sienten que, voten o no, las cosas van a seguir igual, y por lo tanto, no 'pierden su tiempo' en acudir al colegio.

La abstención y la no participación es lo mismo. Es decir, supone no introducir ninguna papeleta en una de las dos urnas -la autonómica o la local- o no ir al colegio electoral.

No obstante, aunque las cifras de abstención suponen a veces la mitad del electorado, la ley considera los resultados legítimos, incluso si están avalados sólo por un 30% de los votantes.

No está claro a quién beneficia o perjudica la abstención, si bien los estudios detectan que suele afectar más al votante de izquierda, que se moviliza menos.

#nolesvotes

La iniciativa civil #nolesvotes aboga por que "no se vote a los partidos que responden a intereses distintos a los de la ciudadanía: PP, PSOE y CiU". El movimiento recomienda que en su lugar se examinen otras opciones. No pide el voto para ninguna opción concreta, ni tampoco aboga por la abstención.

Es su manera de protestar contra una ley electoral que consideran "ha sido blindada a la medida de los grandes partidos al penalizar desmesuradamente la representación de las minorías". Más información

#LA LEY D'HONT

Esta fórmula, que data del siglo XIX, determina el reparto de escaños en el sistema electoral español. Se basa en una sistema de asignación proporcional que busca garantizar la representación de las minorías territoriales, para lo que 'premia' la concentración de votos. Así, termina favoreciendo a los grandes partidos nacionales y a los nacionalistas, en detrimento de las formaciones pequeñas.

Especialmente elocuente resulta el caso de Izquierda Unida, formación que con casi un millón de votos (repartidos por todo el territorio nacional) sólo cuenta con dos escaños, frente a los 11 de CiU (774.317 votos) o los cinco del PNV (303.246). Partidos como el BNG (209.000 votos) o Coalición Canaria (164.000) tienen los mismos escaños que la coalición liderada por Cayo Lara, pese a que el número de sufragios registrado es ostensiblemente inferior.

jueves, 28 de abril de 2011

1º de Mayo

El Día, 28 de abril de 2011

Intersindical Canaria (IC), la Unión Sindical Obrera (USO), el Frente Sindical Obrero Canario (FSOC), Comisiones de Base (Co.Bas) y la Confederación General del Trabajo (CGT) celebrarán el Primero de Mayo con una manifestación por las calles de la capital tinerfeña en la que escenificarán su divergencia respecto a los sindicatos mayoritarios, a los que critican su "seguimiento" de las políticas de recortes sociales y laborales.

En una rueda de prensa, portavoces de las cinco organizaciones informaron ayer de que su marcha arrancará a las 11:30 horas de la plaza Militar, cruzará el puente Galcerán, bajará por la calle San Sebastián y culminará en la plaza de la iglesia de la Concepción.

"Contra la dictadura de los mercados y el capital, contra el paro y por los derechos sociales y laborales" es el lema que compartirán IC, USO, FSOC, Co.Bas y CGT en Tenerife. Sus representantes no precisaron si mantendrán la misma unidad en los actos del Día Internacional del Trabajo en el resto de Islas, aunque IC ya ha anunciado otra manifestación en Las Palmas y encuentros de sus afiliados en La Palma, Lanzarote y Fuerteventura.

El secretario general de USO-Canarias, José Ramón Rodríguez, subrayó que la convocatoria tinerfeña obedece al esfuerzo de aunar "la mayor voluntad sindical posible al margen de las organizaciones que son cómplices de la destrucción de derechos" y citó, como "prueba del algodón", la reforma del sistema de pensiones, que apoyaron CCOO y UGT.

Incidió en que los sindicatos deben "combatir la ofensiva criminal del poder político y económico que condena al paro, la pobreza, la marginalidad y la exclusión" a buena parte de la sociedad europea. Respecto a las Islas, vinculó la elevada tasa de desempleo al apoyo de Coalición Canaria a la estrategia "antisocial" del Gobierno central y censuró el nuevo acuerdo social rubricado el pasado martes por el Ejecutivo autónomo, las patronales provinciales y los sindicatos mayoritarios.

La representante de Co.Bas, Conchi Moreno, criticó que estos agentes hayan pactado dar impulso a la contratación temporal e indicó que "se está engañando" a la ciudadanía con la traslación del modelo alemán de reducción de jornada al Archipiélago, donde sólo se están recortando salarios.

Ignacio Rodríguez, de la dirección de IC, realzó el carácter "alternativo" de la convocatoria del próximo domingo, que nace de la "decepción" del papel jugado por CCOO y UGT frente a los gobiernos estatal y autonómico, para los que están siendo, dijo, "caballeros de compañía". Y lo son obviando, añadió, la realidad de Canarias.

Apuntó que ambos sindicatos apoyan la "propaganda" del Ejecutivo isleño, al que reprochó que defienda que la economía canaria se está recuperando. En este sentido, subrayó que el crecimiento turístico está llegando a base de bajar precios y recordó que la renta per cápita canaria está hoy más lejos de la media que en 2008.

Joan Blasco, de CGT, resaltó que hay que combatir la "apatía" de los trabajadores "con otro sindicalismo", diferente del de CCOO y UGT, mientras que Jesús Rodríguez, del FSOC, recordó que el Primero de Mayo es también "el día del derecho al trabajo".

jueves, 14 de abril de 2011

Sueño

Diario de Avisos, 14 de abril de 2011

Soñé que llegaba a una oficina pública cualquiera y habían externalizado la gestión de los clips. Una fórmula megayupi servía para calcular con exactitud cuántos clips requería de media un auxiliar administrativo a una productividad del ocho por ciento elevada al cuadrado de Pi. El derroche de clips resultaba insostenible, así que para atajar el despilfarro el departamento de disfunción pública había contratado a una empresa privada un software súper-eficaz por sólo treinta millones de euros. Un cartel fluorescente anunciaba las medidas de ahorro. Para fotocopiar un documento, tecleé un código de nueve dígitos porque, en aras de la optimización de los recursos no fungibles, se permitía el acceso a la máquina sólo cuando una empresa privada, propiedad de un primo de un consejero, activaba por unos 11 euros cada apertura del depósito de papel DIN A4.

Soñé que a la entrada del trabajo tenía que poner el dedo en un aparato instalado por una empresa privada que casi siempre fallaba, porque “cualquier pielecita, sudor o mota” impedían su lectura digital. Soñé que un guardia de seguridad privado me abría la puerta; soñé que subía al segundo piso y allí se afanaba una limpiadora de una empresa a la que cada tres meses subrogaba otra cambiándole vestuario y logotipo. Soñé que me robaban tiempo, ya que la operación sumatoria no había sido incorporada al sistema informático para el fomento del presentismo, de modo que se me restaban los minutos de menos pero no se me contaban los minutos de más. Soñé que flexibilizaban el horario hasta tal punto que podía entrar al trabajo entre las 8.00 y las 8.10. Soñé que estando enferma, mis datos personales se enviaban a una empresa cibernética que a su vez los enviaba a otra para que fueran colgados confidencialmente en una red centralizada al acceso de cualquiera.

Como los baños de la primera planta seguían sin generar beneficios se había optado por su privatización a cargo de una multinacional de servicios, batiburrillos y contratos basura, que lo mismo surtía de informáticos, servicios de hemodiálisis, profesores volantes o gestores de water públicos. A los lados de las ventanas se reduplicaban los operarios de la empresa Relon, contratados para bajar y subir persianas a medida que el sol iniciaba su ascenso, adaptando la gradación lumínica a las necesidades departamentales mucho más eficientemente que si lo hicieran funcionarios, ya que éstos pasaban sus mañanas en la playa, según un estudio nunca visto que todos citaban elaborado por una consultora; la misma que recomendaba la externalización de servicios públicos, la misma que había resultado adjudicataria de los servicios privatizados.
Soñé que por realizar las notificaciones de las que antes se encargaban funcionarios ahora una empresa cobraba nueve euros por cada una. Soñé que después del PICAP venía el SEFCA, después el RICDA, y quizás luego el MODCA, porque aquellos aplicativos informáticos eficientísimos, contratados por diez millones de euros a la amiga de la hija del concejal, habían quedado desfasados al instante, siendo reemplazados por otros aún más eficientísimos, contratados al yerno del asesor... Entonces desperté.

miércoles, 6 de abril de 2011

Los eurodiputados rechazan congelar sus salarios y dejar de viajar en primera

Diario El Mundo, 6 de abril de 2011

Los eurodiputados rechazaron el miércoles en la votación de un informe presupuestario una serie de enmiendas de los grupos de la izquierda que abogaban por congelar los salarios y reducir los vuelos en primera clase.

Estas enmiendas, con vistas al ahorro, se habían presentado a la propuesta de presupuesto general del PE para 2012, que ha recibido el visto bueno del pleno de la Eurocámara.

El próximo año, el PE contará con un presupuesto de 1.725 millones de euros, lo que representa un incremento del 2,3 % con respecto a 2011, cinco décimas por debajo de la tasa actual de inflación en la UE.

Los eurodiputados han aceptado reducir una sesión en Estrasburgo en el mes de septiembre para así ahorrar gastos, pero no han aceptado congelar su sueldo, como proponían algunas enmiendas introducidas por un grupo de eurodiputados de la Izquierda Unitaria Europea y de los Verdes, liderados por el portugués Miguel Portas y entre los que no se encuentran ningún español.

Las enmiendas, 4, 13, 14 y 15 sobre el proyecto de presupuesto abogaban por no aumentar para 2012 las asignaciones relativas a sueldo y dietas alegando que "en el actual contexto económico, mientras los ciudadanos europeos están sufriendo congelaciones y reducciones de sus salarios y pensiones, sería difícil de entender que los eurodiputados no aplicarán la contención".

En la misma línea, la enmienda 4, también rechazada, proponía reducir costes en viajes limitando los vuelos en primera clase para los que durasen menos de cuatro horas.

El presupuesto 2012, preparado por el portugués de los populares europeos José Manuel Fernandes, ha sido aprobado por 479 votos a favor, 176 en contra y 23 abstenciones.

Fernandes ha destacado que, dado que el incremento está por debajo de la inflación, el PE "hada dado muestras de responsabilidad presupuestaria y de autocontención".

Pese a todo, el presupuesto podría aumentar porque tendrá que ser revisado cuando se incorporen los nuevos 18 eurodiputados previstos en el Tratado de Lisboa y los costes relacionados con futuras ampliaciones, como la de Croacia.

El PE, como las demás instituciones de la UE, enviará sus previsiones de ingresos y gastos a la Comisión Europea, que presentará el proyecto de presupuesto de la UE para 2012 el próximo 20 de abril.

lunes, 4 de abril de 2011

Islandia enjaula a sus banqueros

Diario El Pais, 3 de abril de 2011

Se busca. Hombre, 48 años, 1,80 metros, 114 kilos. Calvo, ojos azules. La Interpol acompaña esa descripción de una foto en la que aparece un tipo bien afeitado embutido en uno de esos trajes oscuros de 2.000 euros y tocado con un impecable nudo de corbata. Se ve a la legua que se trata de un banquero: este no es uno de esos carteles del salvaje Oeste. La delincuencia ha cambiado mucho con la globalización financiera. Y sin embargo, esta historia tiene ribetes de western de Sam Peckinpah ambientado en el Ártico. Esto es Islandia, el lugar donde los bancos quiebran y sus directivos pueden ir a la cárcel sin que el cielo se desplome sobre nuestras cabezas; la isla donde apenas medio millar de personas armadas con peligrosas cacerolas pueden derrocar un Gobierno. Esto es Islandia, el pedazo de hielo y roca volcánica que un día fue el país más feliz del mundo (así, como suena) y donde ahora los taxistas lanzan las mismas miradas furibundas que en todas partes cuando se les pregunta si están más cabreados con los banqueros o con los políticos. En fin, Esto es Islandia: paraíso sobrenatural, reza el cartel que se divisa desde el avión, antes incluso de desembarcar.

El tipo de la foto se llama Sigurdur Einarsson. Era el presidente ejecutivo de uno de los grandes bancos de Islandia y el más temerario de todos ellos, Kaupthing (literalmente, "la plaza del mercado"; los islandeses tienen un extraño sentido del humor, además de una lengua milenaria e impenetrable). Einarsson ya no está en la lista de la Interpol. Fue detenido hace unos días en su mansión de Londres. Y es uno de los protagonistas del libro más leído de Islandia: nueve volúmenes y 2.400 páginas para una especie de saga delirante sobre los desmanes que puede llegar a perpetrar la industria financiera cuando está totalmente fuera de control.

Nueve volúmenes: prácticamente unos episodios nacionales en los que se demuestra que nada de eso fue un accidente. Islandia fue saqueada por no más de 20 o 30 personas. Una docena de banqueros, unos pocos empresarios y un puñado de políticos formaron un grupo salvaje que llevó al país entero a la ruina: 10 de los 63 parlamentarios islandeses, incluidos los dos líderes del partido que ha gobernado casi ininterrumpidamente desde 1944, tenían concedidos préstamos personales por un valor de casi 10 millones de euros por cabeza. Está por demostrar que eso sea delito (aunque parece que parte de ese dinero servía para comprar acciones de los propios bancos: para hinchar las cotizaciones), pero al menos es un escándalo mayúsculo.

Islandia es una excepción, una singularidad; una rareza. Y no solo por dejar quebrar sus bancos y perseguir a sus banqueros. La isla es un paisaje lunar con apenas 320.000 habitantes a medio camino entre Europa, EE UU y el círculo polar, con un clima y una geografía extremos, con una de las tradiciones democráticas más antiguas de Europa y, fin de los tópicos, con una gente de indomable carácter y una forma de ser y hacer de lo más peculiar. Un lugar donde uno de esos taxistas furibundos, tras dejar atrás la capital, Reikiavik, se adentra en una lengua de tierra rodeada de agua y deja al periodista al pie de la distinguida residencia presidencial, con el mismísimo presidente esperando en el quicio de la puerta: cualquiera puede acercarse sin problemas, no hay medidas de seguridad ni un solo policía. Solo el detalle exótico de una enorme piel de oso polar en lo alto de una escalera saca del pasmo a quien en su primera entrevista con un presidente de un país se topa con un mandatario, Ólagur Grímsson, que considera "una locura" que sus conciudadanos "tengan que pagar la factura de su banca sin que se les consulte".

Y del presidente al ciudadano de a pie: de la anécdota a la categoría. Arnar Arinbjarnarsson es capaz de resumir el apocalipsis de Islandia con estupefaciente impavidez, frente a un humeante capuchino en el céntrico Café París, a dos pasos del Althing, el Parlamento. Arnar tiene 33 años y estudió ingeniería en la universidad, pero, al acabar, ni siquiera se le pasó por la cabeza diseñar puentes: uno de los bancos le contrató, pese a carecer de formación financiera. "La banca estaba experimentando un crecimiento explosivo, y para un ingeniero es relativamente sencillo aprender matemática financiera, sobre todo si el sueldo es estratosférico", alega.

Islandia venía de ser el país más pobre de Europa a principios del siglo XX. En los años ochenta, el Gobierno privatizó la pesca: la dividió en cuotas e hizo millonarios a unos cuantos pescadores. A partir de ahí, bajo el influjo de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, el país se convirtió en la quintaesencia del modelo liberal, con una política económica de bajos impuestos, privatizaciones, desregulaciones y demás: la sombra de Milton Friedman, que viajó durante esa época a Reikiavik, es alargada. Aquello funcionó. La renta per cápita se situó entre las más altas del mundo, el paro se estabilizó en el 1% y el país invirtió en energía verde, plantas de aluminio y tecnología. El culmen llegó con el nuevo siglo: el Estado privatizó la banca y los banqueros iniciaron una carrera desaforada por la expansión dentro y fuera del país, ayudados por las manos libres que les dejaba la falta de regulación y por unos tipos de interés en torno al 15% que atraían los ahorros de los dentistas austriacos, los jubilados alemanes y los comerciantes holandeses. Una economía sana, asentada sobre sólidas bases, se convirtió en una mesa de black jack. Ni siquiera faltó una campaña nacionalista a favor de la supremacía racial de la casta empresarial, lo que tal vez demuestra lo peligroso que es meter en la cabeza de la gente ese tipo de memeces, ya sea "las casas nunca bajan de precio" o "los islandeses controlan mejor el riesgo por su pasado vikingo".

La fiesta se desbocó: los activos de los bancos llegaron a multiplicar por 12 el PIB. Solo Irlanda, otro ejemplo de modelo liberal, se acerca a esas cifras. Hasta que de la noche a la mañana -con el colapso de Lehman Brothers y el petardazo financiero mundial- todo se desmoronó, en lo que ha sido "el shock más brutal y fulminante de la crisis internacional", asegura Jon Danielsson, de la London School of Economics.

Pero volvamos a Arnar y su relato: "La banca empezó a derrochar dinero en juergas con champán y estrellas del rock; se compró o ayudó a comprar medio Oxford Street, varios clubes de fútbol de la liga inglesa, bancos en Dinamarca, empresas en toda Escandinavia: todo lo que estuviera en venta, y todo a crédito". Los ejecutivos se concedían créditos millonarios a sí mismos, a sus familiares, a sus amigos y a los políticos cercanos, a menudo, sin garantías. La Bolsa multiplicó su valor por nueve entre 2003 y 2007. Los precios de los pisos se triplicaron. "Los bancos levantaron un obsceno castillo de naipes que se lo llevó todo por delante", cuenta Arnar, que conserva su empleo, pero con la mitad de sueldo. Acaba de comprarse un barco a medias con su padre con la intención de cambiar de vida: quiere dedicarse a la pesca.

La fábula de una isla de pescadores que se convirtió en un país de banqueros tiene moraleja: "Tal vez sea hora de volver al comienzo", reflexiona el ingeniero. "Tal vez todo ese dinero y ese talento que absorbe la banca cuando crece demasiado no solo se convierte en un foco de inestabilidad, sino que detrae recursos de otros sectores y puede llegar a ser nocivo, al impedir que una economía desarrolle todo su potencial", dice el presidente Grímsson.

La magnitud de la catástrofe fue espectacular. La inflación se desbocó, la corona se desplomó, el paro creció a toda velocidad, el PIB ha caído el 15%, los bancos perdieron unos 100.000 millones de dólares (pasará mucho tiempo antes de que haya cifras definitivas) y los islandeses siguieron siendo ricos, más o menos: la mita de ricos que antes. ¿De quién fue la culpa? De los bancos y los banqueros, por supuesto. De sus excesos, de aquella barra libre de crédito, de su desmesurada codicia. Los bancos son el monstruo, la culpa es de ellos y, en todo caso, de los políticos, que les permitieron todo eso. OK. No hay duda. ¿Solamente de los bancos?

"El país entero se vio atrapado en una burbuja. La banca experimentó un desarrollo repentino, algo que ahora vemos como algo estúpido e irresponsable. Pero la gente hizo algo parecido. Las reglas normales de las finanzas quedaron suspendidas y entramos en la era del todo vale: dos casas, tres casas por familia, un Range Rover, una moto de nieve. Los salarios subían, la riqueza parecía salir de la nada, las tarjetas de crédito echaban humo", explica Ásgeir Jonsson, ex economista jefe de Kaupthing. El también economista Magnus Skulasson asume que esa locura colectiva llevó a un país entero a parecer dominado por los valores de Wall Street, de la banca de inversión más especulativa. "Los islandeses hemos contribuido decisivamente a que pasara lo que pasó, por permitir que el Gobierno y la banca hicieran lo que hicieron, pero también participamos de esa combinación de codicia y estupidez. Los bancos merecen sentarse en el banquillo y nosotros nos merecemos una parte del castigo: pero solo una parte", afirma en el restaurante de un céntrico hotel.

Una cosa salva a los islandeses, de alguna manera les redime de parte de esos pecados. En su incisivo ¡Indignaos!, Stephane Hessel describe cómo en Europa y EE UU los financieros, culpables indiscutibles de la crisis, han salvado el bache y prosiguen su vida como siempre: han vuelto los beneficios, los bonus, esas cosas. En cambio, sus víctimas no han recuperado el nivel de ingresos, ni mucho menos el empleo. "El poder del dinero nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos", acusa, y, sin embargo, "los banqueros apenas han soportado las consecuencias de sus desafueros", añade en el prólogo del libro el escritor José Luis Sampedro.

Así es: salvo tal vez en el Ártico. Islandia ha hecho un valiente intento de pedir responsabilidades. "Dejar quebrar los bancos y decirles a los acreedores que no van a cobrar todo lo que se les debe ha ayudado a mitigar algunas de las consecuencias de las locuras de sus banqueros", asegura por teléfono desde Tejas el economista James K. Galbraith.

Contada así, la versión islandesa de la crisis tiene un toque romántico. Pero la economía es siempre más prosaica de lo que parece. Hay quien relata una historia distinta: "Simplemente, no había dinero para rescatar a los bancos: de lo contrario, el Estado los habría salvado: ¡Llegamos a pedírselo a Rusia!", critica el politólogo Eirikur Bergmann. "Fue un accidente: no queríamos, pero tuvimos que dejarlos quebrar y ahora los políticos tratan de vender esa leyenda de que Islandia ha dado otra respuesta".

Sea como sea, la crisis ha dejado una cicatriz enorme que sigue bien visible: hay controles de capitales, un delicioso eufemismo de lo que en el hemisferio Sur (y más concretamente en Argentina) suele llamarse corralito. El paro sigue por encima del 8%, tasas desconocidas por estos lares. El desplome de la corona ha empobrecido a todo el país, excepto a las empresas exportadoras. Cuatro de cada diez hogares se endeudaron en divisas o con créditos vinculados a la inflación (parece que, por lo general, para comprar segundas residencias y coches de lujo), lo que ha dejado un agujero considerable en el bolsillo de la gente. Tras dejar quebrar el sistema bancario, el Estado lo nacionalizó y acabó inyectando montones de dinero -el equivalente a una cuarta parte del PIB- para que la banca no dejara de funcionar, y ahora empieza a reprivatizarlo: la vida, de algún modo, sigue igual.

Todo eso ha elevado la deuda pública por encima del 100% del PIB, y para controlar el déficit tampoco los islandeses se han librado de la oleada de austeridad que recorre Europa desde el Estrecho de Gibraltar hasta la costa de Groenlandia: más impuestos y menos gasto público. Al cabo, Islandia tuvo que pedir un rescate al FMI, y el Fondo ha aplicado las recetas habituales: se han elevado el IRPF y el IVA islandeses y se han creado nuevos impuestos, y por el lado del gasto se han bajado salarios y beneficios sociales y se están cerrando escuelas; se ha reducido el Estado del bienestar. Que es lo que suele suceder cuando de repente un país es menos rico de lo que creía.

"Hemos recorrido una década hacia atrás", cierra Bergman. Y aun así, el Gobierno y el FMI aseguran que Islandia crecerá este año un 3%: el desplome de la corona ha permitido un despegue de las exportaciones, hay sectores punteros -como el aluminio- que están teniendo una crisis muy provechosa, y, al fin y al cabo, Islandia es un país joven con un nivel educativo sobresaliente. Entre la docena de fuentes consultadas para este reportaje, sin embargo, no abunda el optimismo. Uno de los economistas más brillantes de Islandia, Gylfi Zoega, dibuja un panorama preocupante: "Los bancos aún no son operativos, los balances de las empresas están dañados, el acceso al mercado de capitales está cerrado, el Gobierno muestra una debilidad alarmante. No hay consenso sobre qué lugar deben ocupar Islandia y su economía en el mundo. Vamos a la deriva... No se engañe: ni siquiera el colapso de los bancos fue una elección; no había alternativa. Islandia no puede ser un modelo de nada".

Hay quien duda incluso de que los banqueros den finalmente con sus huesos en la cárcel: "Los ejecutivos han sido detenidos varias veces, y después, puestos en libertad: como tantas otras veces, eso es más un jugueteo con la opinión pública que otra cosa", asegura Jon Danielsson. Hannes Guissurasson, asesor del anterior Gobierno y conocido por su férrea defensa de postulados neoliberales, incluso traza una fina línea entre el delito y algunas de las prácticas bancarias de los últimos años. "Muy pocos banqueros van a ir a la prisión, si es que va alguno: ¿qué ley vulnera la excesiva toma de riesgos?", se pregunta.

Pero los mitos son los mitos (y un periodista debe defender su reportaje hasta el último párrafo) e Islandia deja varias lecciones fundamentales. Una: no está claro si dejar caer un banco es un acto reaccionario o libertario, pero el coste, al menos para Islandia, es sorprendentemente bajo; el PIB de Irlanda (cuyo Gobierno garantizó toda la deuda bancaria) ha caído lo mismo y sus perspectivas de recuperación son peores. Dos: tener moneda propia no es un mal negocio. En caso de apuro se devalúa y santas Pascuas; eso permite salir de la crisis con exportaciones, algo que ni Grecia ni Irlanda (ni España) pueden hacer.

La última y definitiva enseñanza viene de la mano del grupo salvaje, a quien nadie vio venir: ni las agencias de calificación ni los auditores anticiparon los problemas (aunque lo que no descubre una buena auditoría lo destapa una buena crisis: Pricewaterhousecoopers está acusada de negligencia). Pero los problemas estaban ahí: la prueba es que la inmensa mayoría de los ejecutivos de banca están de patitas en la calle y algunos esperan juicio. Nuestro Sigurdur Einarsson, el banquero más buscado, se compró una mansión en Chelsea, uno de los barrios más exclusivos de Londres, por 12 millones de euros. La mayoría de los banqueros que tienen problemas con la justicia hicieron lo mismo durante los años del boom, y menos mal que lo hicieron: la gente les abucheaba en el teatro, les tiraba bolas de nieve en plena calle, les lanzaba piropos en los restaurantes o les dejaba ocurrentes pintadas en sus domicilios. Salieron pitando de Islandia. El caso es que Einarsson no tuvo que marcharse: vivía en su estupenda mansión londinense desde 2005. La hipoteca no era problema: Einarsson decidió alquilársela al banco mientras vivía en la casa; al fin y al cabo, un presidente es un presidente, y ese es el tipo de demostraciones de talento financiero que solo traen sorpresas en el improbable caso de que la justicia se meta por medio. Islandia parece el lugar adecuado para que sucedan cosas improbables: según las estadísticas, más de la mitad de los islandeses cree en los elfos. En el avión de vuelta se entiende mejor la publicidad del aeropuerto, sobre todo porque las fuentes consultadas descartan que, si finalmente hay condena a los banqueros, el Gobierno islandés vaya a conceder un solo indulto. Esto es Islandia: paraíso sobrenatural. ¡Vaya si lo es! -

viernes, 1 de abril de 2011

Indignación y compromiso

Diario Público, 1 de abril de 2011

Se preguntaba este lunes en Madrid Stéphane Hessel, 93 años, autor de un opúsculo de 30 páginas del que lleva vendidos 1,7 millones de ejemplares en el que llama a la indignación colectiva contra la injusticia, si seríamos capaces de deshacernos de lo que nos parece insoportable. Su respuesta era afirmativa, aunque, como él mismo matizaba, es más importante el compromiso que la victoria, porque ni se vence siempre ni siempre es necesario hacerlo para sentirse pleno. “A veces lo placentero es saber que las resistencias están ahí”, señalaba. El camino satisface tanto o más que la meta.

El planteamiento de Hessel es justamente el contrario al imperante. Nos hemos habituado al análisis del coste-beneficio, una lógica funesta ya que implica que no merece la pena movilizarse por nada salvo que tengamos la certeza de que el esfuerzo, por pequeño que sea, será recompensado. Además de a la melancolía, está dinámica conduce a la indolencia. Y eso, en un tiempo el que están amenazadas todas las conquistas sociales del último siglo, conviene mucho a una oligarquía que no deja de derribar barreras.

Comprometerse, en efecto, es muy importante. “Si una activa minoría se levanta será suficiente; debemos ser la levadura que hace que el pan suba”, afirma Hessel en su panfleto. Para que eso fuera posible deberíamos desenterrar algunas utopías a las que dimos sepultura. Hay que volver a creer que el interés general debe prevalecer frente a los intereses particulares, que una persona vale más que todos los mercados juntos o que el progreso de unos pueblos no puede edificarse sobre la miseria de otros. Debemos volvernos Sísifo y empujar la piedra a lo alto de la montaña tantas veces como se precipite ladera abajo. La utopía sirve para caminar, que diría Galeano.

La experiencia demuestra que es posible. La historia no se acaba en Lehman Brothers ni la escriben los analistas de Moody´s. Si hasta el mundo árabe es capaz de despertar de su letargo y romper las cadenas, ¿no seremos capaces de poner hacernos responsables de nuestro destino? Sigamos el consejo de Hessel y empecemos por indignarnos.